• ¿Por qué agilidad en la administración del estado?

    Por jueves, 25 abril, 2019 2 , Permalink

    Si algo hacen bien empresas como Toyota o Amazon, es entender lo que en el mundo empresarial se llama «orientación al cliente», un concepto similar al que en el estado se llamaría «satisfacción del ciudadano». Para ello han desarrollado y desarrollan metodologías de las llamadas «ágiles». Ni que decir tiene, que empresas como las dos mencionadas, y otras como Netflix, Google o Instagram, conocen con precisión milimétrica la psicología del consumidor de sus productos y estudian los deseos del cliente hasta el más ínfimo detalle. No es un estudio del deseo basado en la individualidad y unicidad de cada comprador, sino los estudios estadísticos masivos de los clientes como población; estudios que tienden más uniformizar que a diferenciar.

    Aún así, se trata de tener satisfecho al cliente. Muy lejos de lo que suelen hacer las administraciones que si en algo destacan es en no tener contenta a ninguna población.

    ¿Para que utilizaría una administración metodologías ágiles, si sólo tiene cincuenta servidores? ¿A dónde iríamos a parar? Es probable que no lo necesite. Puede seguir con metodologías pirámide del siglo XX. Durante un tiempo servirá, aunque la evidencia dice a las claras que el mundo está tirando por otro lado. Pan para hoy y hambre para mañana.

    No se trata de tecnologías ni herramientas, sino del enfoque. Si una empresa, un ayuntamiento o un hospital tiene como objetivo solucionar problemas de una población, llámese cliente, usuario o ciudadano, creo que tiene un enfoque de más calidad si el objetivo no está en la exigencia al usuario sino en lo que éste desea o necesita.

    Me gustaría que el celo que tiene Amazon en satisfacer y fidelizar a un cliente, lo tuviera el estado para satisfacer los deseos y necesidades de un ciudadano. Algunos activistas sociales critican como falta de empatía que el método «lean» inventado por Toyota en el mundo empresarial – aunque el concepto fue tomado de la filosofía pragmática de las artes marciales orientales- sea utilizado en enfermería. Quizá no sea adecuado, o quizá sí; la verdad es que no lo sé. La enfermeras parecen que lo quieren y denunciar por ello a las enfermeras como frívolas resulta más frívolo que la frivolidad misma que se pretende denunciar.

    Para poder afirmar sin mucha arrogancia que se trata un método inadecuado, primero haría falta estudiar la satisfacción de los usuarios de hospitales. Si yo me hago una herida, causística mediante, habría que ver si me gustaría que una ambulancia llegue en menos de sesenta segundos, me lleven a una enfermera en dos minutos y me venden la herida en tres minutos o por contra prefiero el descanso del guerrero en el hospital y que se tomen su tiempo conmigo, porque yo lo valgo. Quizá yo prefiera solucionar el problema cuanto antes, y quizá otro prefiera que lo mimen, pero los deseos del ciudadano parece ser que en cualquier caso no importan mucho, sino vender el libro de moral elevada o eficiencia máxima, sin tener claro para qué o para quién.

    Y, ciertamente, lo que haga el estado es nuestro problema. Con la empresas, como cliente si alguna no nos fideliza lo suficiente, podemos comprarle a otra. Con un Estado lo tenemos más difícil cambiar a otro que nos guste más. Sobre todo, porque todo estado tiene un monopolio sin alternativas: el de la violencia. Y prefieren la exigencia del dogma a la satisfacción de los deseos legítimos de las personas.

    La abstinencia electoral en España llega más o menos al 60% y probablemente llegará a más. Pero para qué cambiar, si a mí me funciona.

    No es que yo le tenga una gran simpatía a las mencionadas corporaciones. Pero cuando alguien no va un domingo a las urnas porque está viendo una película, a lo mejor es que las empresas conocen bien algo fundamental en su negocio: sin la satisfacción del cliente, dejan de existir. Y el estado tiene el monopolio de la violencia.



  • Epicuro sobre el bien

    «Yo exhorto a placeres continuos y no a esas virtudes vanas y necias que comportan embrolladoras ilusiones de frutos futuros [..] Debemos apreciar lo bello, las virtudes y las cosas por el estilo si es que producen placer; y si no, mandarlas a paseo […] Pues no sé yo que idea puedo hacerme del bien, si suprimo los placeres del gusto, suprimo los de la sexualidad, y suprimo los movimientos placenteros que de las formas bellas recibe la vista»

    Epicuro

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  • Natural y artificial: la dicotonomía imaginaria

    Me está empezando a cabrear mucho el ambiente generalizado en el que  «la tecnología» cada vez más personas la perciban como «lo malo», añorando un «retorno a una naturaleza» beatífica que jamás existió, y lo que es peor, dejando que sean otros los que a las finales decidan como serán sus vidas y, de paso, las de todos los demás.

    paisaje corotDurante la eṕoca en la que los nacionalismos estaban en auge, la del romanticismo, pusieron en valor la «naturaleza». Pero era una naturaleza con el opuesto de lo «artificial», concretamente lo artificioso de la «industria». Las pinturas de la época romántica están llenas de «naturaleza», pero con el dominio de sólo de una parte de la misma: el paisaje. Aquellos paisajes no eran sino los que representaban a la nación ante el mundo. También para los románticos la imaginación era concebida como fuerza por sobre la naturaleza, la cual no era producto del ser humano, sino la confirmación de que la naturaleza estaba gobernada por fuerzas «sobrenaturales», lo que apuntalaba muy emotivamente la creencia que es posible que haya cosas fuera: la tecnología, con sus artefactos, era una abominación extranatural.

    Pero una visión tan profundamente parcializada de la naturaleza lo que está dejando fuera es… el resto de la naturaleza. No hay tal dicotonomía entre natural y artificial. La Naturaleza es el Universo. El Universo es todo lo que existe. Una nebulosa sideral no es más natural que una sierra hecha con quijada de antílope. Ni una cebra es más natural que un generador eléctrico. Ni la montaña se rige por otro «código fuente» natural que una ciudad artificial construida con coral. La Naturaleza es todo lo Real. Si hubiera algo fuera de la naturaleza, equivaldría a decir que está fuera del universo, y por lo tanto, de la realidad. Y al estar fuera de la realidad, no podemos estar hablando de ciudades, generadores eléctricos o cebras.

    tren y lluviaProbablemente no sea la única manera. El modo de relación con la naturaleza más auténticamente humano sin duda es la transformación del entorno. Si los dioses existen, nos dieron el don de transformar la Tierra. No veo porque esta facultad ha de ser horrenda; más bien es bella. Los dioses también nos dieron libertad para embellecer la Tierra, o convertirla en un erial por falta de conocimiento, pero no nos la dieron para dejarla como estaba: el precio a pagar por tal conservadurismo era la extinción.

    Es entonces con el trabajo, es decir, con la actividad de transformación del entorno, donde el ser humano se relaciona con la naturaleza (la realidad, el universo) más que con ninguna otra actividad. Pero aquí es donde empiezan nuestras alegrías, tragedias y mayores desacuerdos.

    Quién tiene el poder para decidir sobre otro ser humano cómo tiene que hacer un trabajo, está decidiendo el modo en que éste se relaciona con la naturaleza. Por lo tanto, los proyectos en los que trabaja se tornan ajenos a él, sin sentido, y esto es lo que se llama alienación. Cuando un trabajo no es elegido por amor al arte, y aun en el caso en que sea así, pero el proyecto sea dirigido exteriormente respecto a los deseos de quien lo realiza, el trabajo es fuente de enajenación, en mayor o menor medida. No es extrañar que con los niveles de creciente alienación de las condiciones de trabajo de una buena parte de la humanidad, estén tomando fuerza de nuevo interpretaciones «sobrenaturales» de la naturaleza, como el nacionalismo o la percepción romántica de la naturaleza.

    Al sentirnos ajenos al trabajo que realizamos, puede ser fácil sentirse «aparte» de la naturaleza, y con tal sentimiento es concebible que la naturaleza tenga opuesto, pues no es el trabajador, sino la propia «persona» quién se siente en el opuesto… y añora el «retorno a la naturaleza». Es un pensamiento que, lejos de ser entrañable, es profundamente reaccionario y esquiva por completo el problema. En bruto: el autoritarismo que aliena no es el problema, sino la actividad productiva en sí.

    Pero hasta un trabajo alienante, siempre que no llegue a extremos de violencia pura y dura, es más deseable, pone más en contacto con la realidad, que el exilio del desempleo. Exilio que puede llegar a ser muy largo. Lo sé. Yo también tengo un trabajo alienante. Por las mañanas iría a muchos sitios antes que a trabajar. Pero también he conocido el exilio y prefiero un trabajo precario que el vacío.

    Si el «retorno a la naturaleza» engendra grandes reaccionarios y es obvio que las condiciones de trabajo actuales tampoco satisfacen, por no hablar de estar en paro, el único camino es la reconquista del trabajo… en el que decidamos no sólo en qué, sino cómo trabajamos. Pero aún, eso sí, cuando ésto último no sea posible, es mejor un trabajo precario que el exilio de la vida productiva.

    Trabajo que siempre se realiza con otros. El ser humano no trabaja en el vacío; salvo Robinson Crusoe, y algún otro individualista producido por la reforma protestante, no trabaja solo. La comunidad igualitaria productiva, en la que todos los miembros deciden sus proyectos (en base a la realidad económica) y cómo trabajarlos (según sus capacidades), parece ser el único camino de conseguir vidas con sentido, es decir, sabiendo por qué trabajamos más allá de los ingresos monetarios y sin tentativas de rebelión contra la realidad… empresa esta última que, solos o en grupo, necesariamente lleva a la locura, individual o colectiva. Es aquí, en la comunidad igualitaria como superadora de una crisis a varios niveles y que entiende la naturaleza sin delirios románticos, donde más incide el Manifiesto Comunero.

    Léanlo, y tal vez entiendan de una vez que la máquina libera.

     

  • Creatividad y tiempo

    Por sábado, 5 marzo, 2016 0 Permalink

    No cabe negar que los directivos de hoy todavía se centran demasiado en los factores externos del trabajo, como el dónde y el cuándo, en lugar de incentivar la creatividad, de la cual, en la economía de la información, dependen el éxito y prosperidad de la empresa. La mayoría de los directivos no ha comprendido las profundas consecuencias de la pregunta siguiente: ¿Qué propósito tenemos al trabajar: cumplir una condena o hacer algo? A principios de la década de 1970, Les Earnest, del laboratorio de inteligencia artificial de la Universidad de Stanford, resumía bien la respuesta dada por los hackers a esta cuestión: «Intentamos considerar a las personas no por la cantidad de tiempo desperdiciado, sino por lo conseguido durante períodos de tiempo bastante largos, como medio año o un año». […] La mentalidad de la supervisión del horario laboral trata a las personas adultas como si fueran demasiado inmaduras para hacerse cargo de sus propias vidas. Supone que son sólo unas pocas personas en una empresa dada, o un organismo gubernamental, las que han alcanzado un grado de madurez suficiente para asumir la responsabilidad por sí mismas, y que la mayoría de los adultos son incapaces de hacerlo sin la guía continua de un reducido grupo con autoridad. […] Los hackers no suscriben el lema de que «el tiempo es dinero», sino más bien el adagio de que «mi vida es mi vida». Y ahora, sin lugar a dudas, se trata de vivir nuestra vida de forma plena y no como una depauperada visión de segunda categoría.

     
    «La ética hacker y el espíritu de la era de la información», Pekka Himanen

  • Resumen del 2015

    Por jueves, 31 diciembre, 2015 0 Permalink

    Este 2015 ha sido un año intenso en mi vida, que empezó por rescatar a una amiga de un maltrato el 1 de enero entre amenazas, y en el que, gozosamente, también conocí a los amigos de la Matriz, a los Aesires, a los Indianos y a mucha gentuza maja 🙂

    Todos los post la Enredadera que he publicado durante el 2015 tienen que ver de un modo u otro con ellos. He hecho una selección de los más significativos para mí. En algunos casos no son los que más visitas han tenido, ni los mejor elaborados, pero son los que mejor marcan épocas que este año me ha regalado, como aquellas canciones que evocarán recuerdos para siempre.

    Redes de pares

    La topología de diamante

    El templo y las fuentes

    Caos armónico

    Instalar GnuSocial en una Raspberry Pi

    Ofuscar el tráfico bittorrent: introducción breve

    Testeo automático de conectividad en bash

    Mi debut fue en el Somero 2015

    Feliz 2016! 😉

  • La burbuja acabó, pero no su guerra espiritual

    Por lunes, 30 noviembre, 2015 0 Permalink

    En el espectáculo de los años noventa y principios de siglo, antes de la crisis, occidente había dejado de tener los problemas que arrasaban en el resto del planeta. Las guerras civiles y las crisis eran cosas que les pasaban a los demás. Pero era una sociedad frustrada, apática e incapaz de anticiparse al futuro. Casi nadie se planteaba que una burbuja inmobiliaria como único sector económico en marcha quizá no era el mejor camino. Pero no importaba, ya que las cosas, se creía, irían cada vez mejor.

    En un sistema en el que el éxito se media por la cantidad y precio de posesiones, la rebeldía consistía en rechazar consumir. Una respuesta propia de quién no ha tenido problemas en el consumo. En aquella época, en el cine hubo algunas joyitas como El club de la lucha y American beauty. En el sistema que describían en aquellas películas, habían sido resueltos todos los problemas materiales, pero el problema que achacaba a los miembros abúlicos y aburridos de aquella «clase media» con trabajos para nada interesantes era existencial.

    eduard fight club

    Cuando estalló la crisis, esto debería haber cambiado. Las crisis también pasan en Europa que, al fin y al cabo, no está fuera del planeta. Pero no cambió. Primero, no pasó nada. Pura inercia. Ya lo arreglará alguien. Volverán los buenos tiempos. Cuando la cosa cada vez estaba peor, había que forzar un poco que volviera el pasado y llegaron los movimientos «indignados». Sus aportes fueron escasos para la gravedad de la crisis. Bueno, tenían sentido del humor y la gente se empezó a interesar más por temas económicos y políticos que hasta entonces habían sido tabú y se empezaron a mover por algo. Rompieron un silencio, y eso está bien, pero sus críticas teóricas no fueron muy profundas y no terminaron con la mentalidad de la burbuja, sino que tomaron su testigo aunque sea para llevarlo por otros derroteros.

    ¿Cómo es qué no hubo una ruptura existencial con la mentalidad de la burbuja que fue la causante de la crisis de la deuda, sino que su filosofía parece alargarse en el tiempo? ¿Por qué el bofetón de realidad no fue efectivo? En lo profundo, hay añoranza por el pasado, cuando la vida era un espectáculo. Los movimientos sociales mainstream aún dan las respuestas de antes de la crisis. Anti-consumismo snob, ecología religiosa, una horizontalidad de identidad fofa, sectarismos donde el líder oculto marca las reglas y en el fondo sumamente desorganizados pero, sobre todo, más frustración. El 15M no fue rupturista. No terminó con la guerra espiritual que asolaba a las sociedades desarrolladas pre-crisis: la prorrogó, aún sacándola de su contexto histórico. Cabia esperar una crítica material sería y profunda, un cambio revolucionario al menos en lo filosófico, un interés en lo productivo, que con la exclusión social masiva, empezarían a ver lo que de conquista tiene el aburrimiento entre catálogos de objetos y que las respuestas quizá sean otras, pero no. Todo ello no ocurrió. En vez de aquello, soñaron que una vez fueron dioses y que a una vida mejor se llega evangelizando sobre aquello contra lo que supuestamente luchan: la pobreza. Porque «decrecer» no es otra cosa que ser cada día un poco más pobres, o mucho más, que el anterior.

    A los que siempre han vivido en la exclusión, el 15M les dejó indiferentes. No se oponían: les daba igual. Conocían el frío en el cobijo ya de antes de que viniera un universitario con el descubrimiento del pan duro. Saben lo que es tener a la policía encima, sin haber hecho nada, y lo hipócrita que les parece oír decir que menos consumo es lo que les hace falta, cuando entrar a una tienda parece de marcianos por no tener dinero. Quizá también intuyan que, si la producción agrícola se traslada a la ciudad, puede que no haya comida suficiente.

    La guerra espiritual, a la que hace referencia El club de la lucha, es para quien desde la infancia lo ha tenido todo hecho. Y que se dejen ya de tonterías.

  • Mi debut fue en el Somero 2015

    Muy poco antes del comienzo del Somero 2015, en la Matriz, Manuel nos vino a decir: os hemos puesto en el programa para que deis una presentación del Peersound. Me sentí alagado, pero la aplicación no estaba terminada, no habíamos probado el desarrollo en el mundo real y tampoco me sentía nada seguro con la perspectiva de explicarme ante un auditorio. Pero también me excitaba la idea, era un reto que me hacia sentir vivo. Y yo necesito sentirme vivo.

    programa someroTenía miedo. Dudaba de que pudiera hacerlo. Por pudor, no dije que no lo haría y me lancé. Creo que esto me costó una noche de insomnio. A toda prisa, instalé el tracker, el servidor web y cloné los gits que hacían falta en mi portátil del pleistoceno. Además, para facilitar la resolución de nombres de dominio, configuré un microrouter WRTnode con entradas en el DNS apuntando a los servidores. Me llevé en la maleta el hardware que necesitaba para un intercambio de archivos P2P en el navegador.

    Una vez en el Somero, antes de que empezara el taller, espanté casi todos los miedos que tenía, excepto uno: sabía que era poco probable que la demo funcionara. Primero, hubo problemas con el punto de acceso que llevé. Luego, el intercambio de archivos sólo lo hacia en contadas ocasiones. Carlos habló casi todo el tiempo, y lo hizo muy bien. Explicó la idea, que era lo más importante, y llegó. Yo hable de la parte más técnica. Estaba un poco nervioso y había una luz que me apuntaba a la cara, no sabía si se entendía algo de lo que decía. Y, al final, ocurrió lo que todo el mundo espera que ocurra en una demo: que no funcione bien. Problemas de los imprevistos. Pero para ser mi debut, en suma, no estuvo mal.

    Era la primera vez que estaba en un situación así. Compartí “plató” con Manuel, con Mikael, desarrollador principal de GNU Social y con Hannes, desarrollador de la interface Qvitter. Curiosamente, esta circunstancia no me puso más nervioso. Compartir escenario con tamaños creadores, aumento mi confianza: si yo estaba allí, era por algo. Da que pensar. Supongo que ello picaría a Mikael y Hannes. En todo caso, podrían haber prescindido de nuestra presentación y no lo hicieron. La noche anterior había hablado con Mikael sobre Bitorrent en el paseo marítimo de Gijón, mientras íbamos a algún sitio para cenar (bondades del formato del Somero 2015) y entonces se me ocurrió una estrategia: enfocar la explicación sólo para la gente que había allí. No hablé para un auditorio indefinido, no para los hackers del mundo, ni nada así. Es decir, para personas que puedo decir que las conozco.

    La demo parece que gustó. Yo no quedé del todo satisfecho con su funcionamiento, pero también hubo quién dijo que lo petamos. Aunque, para mí, lo más importante del Somero es lo que confesaba el otro día, también aprendí otras cosas muy importantes. Me doy cuenta de que, con el desarrollo de Peersound, he aprendido sobre programación más que en docenas de cursos de los que he hecho. Sé que puedo resolver, a veces, problemas que parecen imposibles. Ahora me resulta más difícil tirar la toalla. Aprendí a confiar más en mí.

    En este momento y desde hace un días, el desarrollo de Peersound se encuentra parado por un inconveniente que llevará un tiempo resolverlo. Pero sé que lo conseguiremos.

    Gracias por habernos incluido en el programa. Para la próxima, esperamos que el Peersound funcione a pleno rendimiento 😉

  • Caos armónico

    Hoy toca volver del piso que alquilamos en Gijón para el Somero 2015 con unos amigos, entonces sin apenas rostro -el de las fotos en el mejor de los casos-, que nos conocimos en La Matriz. Han sido unos días maravillosos. No era compartir un piso sin más. En el piso estuve con Pablo Bernardo, Andrés Maneiro, Carlos Sanmartín, Andrea Kropman y Raphael Lopez Altuna.

    Mirando el mar de Gijón, con la maleta hecha, llega la hora de volver. El primer encuentro con un matricero que tuve fue en el aeropuerto de Barcelona. Encontré a Pablo, inconfundible por su barba, esperando el mismo avión en el que fuimos a Asturias. Conversa de programación, sobre la vida, aviones, viajes…

    En el aeropuerto de Asturias fue a recogernos María, primera indiana que conocí en 3D, en el coche indiano y fuimos con las maletas directos al restaurante donde hubo las primeras presentaciones y abrazos. Confieso que aquella noche no había pegado ojo y, cuando vi a todos los indianos, yo estaba que no me lo creía, flotando en un estado semionírico por la falta de sueño, pero era indudablemente cierto que estaban todos allí. Desde la otra punta de la mesa en la que había unas veinte personas, llegó alguien pronunciando mi nombre y me dejó un poco desconcertado. Era Andrés. También estaba en la mesa Rafa, el maestro de Go.

    Ellos dos ya estaban en el piso y fuimos a dejar las maletas. El piso molaba. Era espacioso, bien decorado, aunque con algún detalle inquietante -cuadros de los niños llorando- y bien situado.

    Poco después llegó Carlos ese mismo día. Así que ya nos reunimos los primeros cinco ocupantes del piso matricero…

    Es que me resulta muy difícil describir lo importante que ha sido, al menos para mí. No hay procedure para esto. Pablo se fue pronto, con la premonición de saber que acabaría, aunque resistiéndome a creerlo. Llegó Andrea y con ella se formó la tripulación estable del piso de la matriz.

    Una noche, mientras estábamos en el Elogio al Horizonte, Carlos dijo: es como si nos conociéramos de toda la vida. No sé si esa sensación la tenía todo el  piso, pero al menos yo sí la tenía. Pocas veces en la vida me he sentido tan compenetrado de manera tan rápida compartiendo espacio.

    Pero todo lo bueno termina y, además, suele terminar pronto, y tras la vuelta de Pablo fueron siguiendo otras. Andrés, Carlos, Andrea, Rafa… abrazos, miradas de tristeza. Volveremos a vernos, pero mientras tanto seguiremos en los entornos descompuestitos que hay por ahí…

    Mientras escribo este post, a mi alrededor hay ambiente de trabajo sereno. Ya he dejado el piso y estoy con la maleta en la casa de los indianos como escala al aeropuerto. Todos están haciendo algo mientras yo escribo este post sintiendo aún que esta semana he recibido más abrazos que el resto del año. Creo que, al final, un síntoma notable de la descomposición es ese: la falta completa de fraternidad. Un síntoma físico.

    En otro post hablaré de la presentación de la demo de PeerSound que hicimos Carlos y yo en el Gnu Social Camp. Ahora sólo quiero escribir una nota relacionada -un tanto injusta por lo corta que es- con la inolvidable gente del piso, y con los indianos, que lo hicieron posible, porque deseo expresar parte del flashback antes de que se me vaya y porque sería un frescor estar en la silla sin hacer nada 😉

    ¡Que la próxima sea pronto!

  • «Todo empieza con una analogía: los sistemas operativos son como los coches. La compañía Microsoft empezó vendiendo bicicletas motorizadas (MSDOS), luego pasó a producir una actualización (el Windows original) que permitía a la bicicleta ir más rápido. Y finalmente, produce un coche, no demasiado bonito, que pierde mucho aceite pero que la gente compra mucho. La otra compañía, Apple, vende unos coches muy cómodos, fáciles de usar, pero que vienen herméticamente cerrados de forma que es imposible saber qué hay en su interior. BeOS vende coches de alta tecnologías, hermosos, con gran estilo y capaces de volar, ir por el agua o hacer lo que uno quiera, y más baratos que la competencia. Y por último tenemos algo que no es ni siquiera una compañía, sino más bien un campamento de refugiados, lleno de voluntarios de gran talento, que produce tanques. Sí, tanques. Tan buenos, que nunca se rompen, fáciles de maniobrar, que consumen el mismo combustible que un coche, están fabricados con la última tecnología y, lo mejor de todo, son gratuitos. A medida que uno de esos tanques Linux, ¿no lo habían adivinado?, se termina, se deja en la calle y cualquiera puede llevárselo.»

    Del prólogo de En el principio fue la línea de comandos de Neal Stephenson

  • Hazlo tú mismo, como la noche y el día

    La mala jugada de internet.org está teniendo competidores. La Outernet es una red de servicios apoyada por la empresa Clydespace, con el lanzamiento al espacio satelites en forma de cubo. Ofrece un tráfico de 100MB diarios y tienen el proyecto llegar hasta 1GB al día.  Algunos de los servicios disponibles son Open Street Map, Wikipedia o Khan Academy, entre otros. La conexión desde tierra se realiza mediante Raspberry Pi y una antena parabólica de unos 60 euros en formato DIY.

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