La burbuja acabó, pero no su guerra espiritual

En el espectáculo de los años noventa y principios de siglo, antes de la crisis, occidente había dejado de tener los problemas que arrasaban en el resto del planeta. Las guerras civiles y las crisis eran cosas que les pasaban a los demás. Pero era una sociedad frustrada, apática e incapaz de anticiparse al futuro. Casi nadie se planteaba que una burbuja inmobiliaria como único sector económico en marcha quizá no era el mejor camino. Pero no importaba, ya que las cosas, se creía, irían cada vez mejor.

En un sistema en el que el éxito se media por la cantidad y precio de posesiones, la rebeldía consistía en rechazar consumir. Una respuesta propia de quién no ha tenido problemas en el consumo. En aquella época, en el cine hubo algunas joyitas como El club de la lucha y American beauty. En el sistema que describían en aquellas películas, habían sido resueltos todos los problemas materiales, pero el problema que achacaba a los miembros abúlicos y aburridos de aquella «clase media» con trabajos para nada interesantes era existencial.

eduard fight club

Cuando estalló la crisis, esto debería haber cambiado. Las crisis también pasan en Europa que, al fin y al cabo, no está fuera del planeta. Pero no cambió. Primero, no pasó nada. Pura inercia. Ya lo arreglará alguien. Volverán los buenos tiempos. Cuando la cosa cada vez estaba peor, había que forzar un poco que volviera el pasado y llegaron los movimientos «indignados». Sus aportes fueron escasos para la gravedad de la crisis. Bueno, tenían sentido del humor y la gente se empezó a interesar más por temas económicos y políticos que hasta entonces habían sido tabú y se empezaron a mover por algo. Rompieron un silencio, y eso está bien, pero sus críticas teóricas no fueron muy profundas y no terminaron con la mentalidad de la burbuja, sino que tomaron su testigo aunque sea para llevarlo por otros derroteros.

¿Cómo es qué no hubo una ruptura existencial con la mentalidad de la burbuja que fue la causante de la crisis de la deuda, sino que su filosofía parece alargarse en el tiempo? ¿Por qué el bofetón de realidad no fue efectivo? En lo profundo, hay añoranza por el pasado, cuando la vida era un espectáculo. Los movimientos sociales mainstream aún dan las respuestas de antes de la crisis. Anti-consumismo snob, ecología religiosa, una horizontalidad de identidad fofa, sectarismos donde el líder oculto marca las reglas y en el fondo sumamente desorganizados pero, sobre todo, más frustración. El 15M no fue rupturista. No terminó con la guerra espiritual que asolaba a las sociedades desarrolladas pre-crisis: la prorrogó, aún sacándola de su contexto histórico. Cabia esperar una crítica material sería y profunda, un cambio revolucionario al menos en lo filosófico, un interés en lo productivo, que con la exclusión social masiva, empezarían a ver lo que de conquista tiene el aburrimiento entre catálogos de objetos y que las respuestas quizá sean otras, pero no. Todo ello no ocurrió. En vez de aquello, soñaron que una vez fueron dioses y que a una vida mejor se llega evangelizando sobre aquello contra lo que supuestamente luchan: la pobreza. Porque «decrecer» no es otra cosa que ser cada día un poco más pobres, o mucho más, que el anterior.

A los que siempre han vivido en la exclusión, el 15M les dejó indiferentes. No se oponían: les daba igual. Conocían el frío en el cobijo ya de antes de que viniera un universitario con el descubrimiento del pan duro. Saben lo que es tener a la policía encima, sin haber hecho nada, y lo hipócrita que les parece oír decir que menos consumo es lo que les hace falta, cuando entrar a una tienda parece de marcianos por no tener dinero. Quizá también intuyan que, si la producción agrícola se traslada a la ciudad, puede que no haya comida suficiente.

La guerra espiritual, a la que hace referencia El club de la lucha, es para quien desde la infancia lo ha tenido todo hecho. Y que se dejen ya de tonterías.

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