La burbuja acabó, pero no su guerra espiritual

Por lunes, 30 noviembre, 2015 0 Permalink

En el espectáculo de los años noventa y principios de siglo, antes de la crisis, occidente había dejado de tener los problemas que arrasaban en el resto del planeta. Las guerras civiles y las crisis eran cosas que les pasaban a los demás. Pero era una sociedad frustrada, apática e incapaz de anticiparse al futuro. Casi nadie se planteaba que una burbuja inmobiliaria como único sector económico en marcha quizá no era el mejor camino. Pero no importaba, ya que las cosas, se creía, irían cada vez mejor.

En un sistema en el que el éxito se media por la cantidad y precio de posesiones, la rebeldía consistía en rechazar consumir. Una respuesta propia de quién no ha tenido problemas en el consumo. En aquella época, en el cine hubo algunas joyitas como El club de la lucha y American beauty. En el sistema que describían en aquellas películas, habían sido resueltos todos los problemas materiales, pero el problema que achacaba a los miembros abúlicos y aburridos de aquella «clase media» con trabajos para nada interesantes era existencial.

eduard fight club

Cuando estalló la crisis, esto debería haber cambiado. Las crisis también pasan en Europa que, al fin y al cabo, no está fuera del planeta. Pero no cambió. Primero, no pasó nada. Pura inercia. Ya lo arreglará alguien. Volverán los buenos tiempos. Cuando la cosa cada vez estaba peor, había que forzar un poco que volviera el pasado y llegaron los movimientos «indignados». Sus aportes fueron escasos para la gravedad de la crisis. Bueno, tenían sentido del humor y la gente se empezó a interesar más por temas económicos y políticos que hasta entonces habían sido tabú y se empezaron a mover por algo. Rompieron un silencio, y eso está bien, pero sus críticas teóricas no fueron muy profundas y no terminaron con la mentalidad de la burbuja, sino que tomaron su testigo aunque sea para llevarlo por otros derroteros.

¿Cómo es qué no hubo una ruptura existencial con la mentalidad de la burbuja que fue la causante de la crisis de la deuda, sino que su filosofía parece alargarse en el tiempo? ¿Por qué el bofetón de realidad no fue efectivo? En lo profundo, hay añoranza por el pasado, cuando la vida era un espectáculo. Los movimientos sociales mainstream aún dan las respuestas de antes de la crisis. Anti-consumismo snob, ecología religiosa, una horizontalidad de identidad fofa, sectarismos donde el líder oculto marca las reglas y en el fondo sumamente desorganizados pero, sobre todo, más frustración. El 15M no fue rupturista. No terminó con la guerra espiritual que asolaba a las sociedades desarrolladas pre-crisis: la prorrogó, aún sacándola de su contexto histórico. Cabia esperar una crítica material sería y profunda, un cambio revolucionario al menos en lo filosófico, un interés en lo productivo, que con la exclusión social masiva, empezarían a ver lo que de conquista tiene el aburrimiento entre catálogos de objetos y que las respuestas quizá sean otras, pero no. Todo ello no ocurrió. En vez de aquello, soñaron que una vez fueron dioses y que a una vida mejor se llega evangelizando sobre aquello contra lo que supuestamente luchan: la pobreza. Porque «decrecer» no es otra cosa que ser cada día un poco más pobres, o mucho más, que el anterior.

A los que siempre han vivido en la exclusión, el 15M les dejó indiferentes. No se oponían: les daba igual. Conocían el frío en el cobijo ya de antes de que viniera un universitario con el descubrimiento del pan duro. Saben lo que es tener a la policía encima, sin haber hecho nada, y lo hipócrita que les parece oír decir que menos consumo es lo que les hace falta, cuando entrar a una tienda parece de marcianos por no tener dinero. Quizá también intuyan que, si la producción agrícola se traslada a la ciudad, puede que no haya comida suficiente.

La guerra espiritual, a la que hace referencia El club de la lucha, es para quien desde la infancia lo ha tenido todo hecho. Y que se dejen ya de tonterías.

Raspberry Pi Zero: destellos de abundancia

Por viernes, 27 noviembre, 2015 0 Permalink

Recuerdo que mi primer ordenador costó aproximadamente 300 euros. Era un Amstrad CPC y disponía de un procesador Z81 y 64 kilobytes de RAM. Después, me regalaron un Amiga que costó más de 1000 euros, con un Motorola de 16 bits y 512 kb de memoria.

Nunca imagine que algún día existiría un ordenador miles de veces más potente que aquellos por un precio que, cuando lo escuché anoche, creí que se trataba de una broma: 5 euros.

Su nombre es Raspberry Pi Zero. Tiene una CPU ARM 11 a 1 Ghz y 512 Megabytes de RAM, por lo que tiene mayor potencia de cálculo que el primer modelo de Raspberry Pi. Cuenta con un conector HDMI, un conector microUSB y un lector microSD para el almacenamiento, además de 40 pines libres para su uso y salidas de audio y video. Tiene un consumo eléctrico despreciable, pero para su funcionamiento necesita periféricos más caros, como una fuente de alimentación de tensión fija (las del movil podrían tener picos de tensión) o una tarjeta microSD. Tarda unos cuarenta segundos en arrancar un escritorio, el doble que su predecesora Raspberry Pi 2, pero menos que la Raspberry Pi primera versión. Raspberry Pi Zero ha sido fabricada íntegramente en Gales. Su tamaño ya lo veis en las fotos.

raspberry pi zero

Para el aprendizaje de ordenadores es maravillosa. No tiene una cantidad de componentes abrumadora que a un niño le podría intimidar. Tiene todo lo que hay que tener para que sea un ordenador, de un modo que se puede entender de manera casi intuitiva las estructura básica de todo ordenador. En la Pi Zero se pueden programar mundos del Minecraft, robots físicos, sistemas de automatización domótica, navegación GPS, para montar un salón de juegos retro con emuladores de recreativas, y mucho más. Por 5 euros, con la ayuda del software libre.

No nos engañemos. La informática nunca ha sido cosa de todos. La barrera de entrada por cuestiones económicas ha sido prohibitiva en buena parte de planeta e incluso en sectores excluidos de las sociedades desarrolladas. Ordenadores a 5 euros, y software a precio cero, son asequibles para millones de personas que hasta ahora no podían hacerse con uno, aunque aún es una barrera algunos periféricos como el monitor. Aún así, se ha reducido drásticamente la barrera de entrada llevando la informática y el software libre a muchas más personas.

Por ahora, en las tiendas que he buscado están agotadas. Si queréis conocer con más detalle esta birguería antes de tenerla en vuestra manos, el número 40 de la MagPi la describe profusamente.

¿Cuánto faltará para que los ordenadores y sus periféricos tengan un coste cero, llegando a una situación quizá no de opulencia pero sí de abundancia?