El candidato idóneo

La percepción de las empresas cambia mucho de un trabajador que está trabajando a uno que está en paro a la hora de contratar. Parece mentira que muchas empresas aún tengan ese prejuicio. Es un trabajo en red que requiere poca competencia: «si el candidato ya ha sido seleccionado, será por algo, así que me aprovecho del trabajo del otro seleccionador y yo no me esfuerzo tanto». Lo malo de una pre-selección así es que no se conoce qué ha hecho el otro seleccionador y que es un comportamiento tan conservador y poco sofisticado que sólo entran en juego los instintos heredados de la época del mioceno. Hay quien busca lo que le falta y otros buscan a sus afines ¿Se entiende?. Un seleccionador de talento competente, sin duda se dará cuenta de que:

  • Un parado de larga duración que ha sobrevivido es alguien con pelotas el deseo de luchar. Quizá esto sea un handicap si en la empresa quieren profesionales que se crean que son todos como amigos, para ambiente «buenrollista» (espero que en esas empresas no acaben perdiendo todos). Los valientes no siempre son símpáticos.
  • Un parado de larga duración ha aprendido a encontrar recursos donde otros nos los ven y hacerlos productivos en su vida. Es un experto en resiliencia (entre esto y el coraje más de un parado podría tener alguna idea de cómo sacar una empresa del agujero las ineficiencias acumuladas por falta de resiliencia y adaptación al medio).
  • Un parado de larga duración no se derrumba al menor contratiempo. Ni con un problema de verdad. Esa fase ya la tiene superada. NO se va a deprimir así como así porque está muy motivado en salir adelante.
  • Un parado de larga duración ha sustituido (si la tuvo) la queja estéril y cínica de «me jode trabajar» por la actividad briosa o, cuando menos, por el estoicismo digno, lo que significa que es más proactivo y digno. Nadie menos quemado a la hora de ponerse a trabajar.
  • Un parado de larga duración contará con más sofisticación que quien, en su mismo sector, se limita a seguir una procedure durante años y la sigue bien, pero no sabe hacer otra cosa (a ambas competencias, tan dicotómicas, a veces las llaman «talento»).

Es cierto que un parado de larga duración «si no trabaja será por algo». Sólo que, a no ser que se dé una situación de pleno empleo, ese «algo» es más que probable que no esté dentro, sino fuera de él.

Me pregunto a qué se dedicarán todos esos malos profesionales, que descartan candidatos basándose en prejuicios anticuados, cuando haya amainado la crisis y la selección de personal sea menos exquisita ¿Qué habrán aprendido? ¿Seguirán ganando en el juego de tronos de los departamentos? ¿Cuál será entonces su responsabilidad?

Al menos, yo no confío en nadie que no haya conocido ningún infierno.

1 comentario


  1. Desde luego… , en un sistema en descomposicion, ha llegado la hora de dejarlo, y dejar obsoletas esas prácticas caníbales del mercado de trabajo capitalista ? 🙂

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